JASB
Sin duda, las hermandades y cofradías de Córdoba son el corazón palpitante de nuestra religiosidad popular, custodias de una devoción secular y de un patrimonio incalculable. Precisamente por su enorme valor, el anuncio del nuevo reglamento presentado por la Delegación Diocesana de Hermandades y Cofradías, no debe recibirse con recelo, sino como una oportunidad histórica para fortalecer nuestra identidad.
Es comprensible que los cambios generen ciertas dudas, pero las recientes palabras de nuestro obispo disipan cualquier sombra de sospecha con total claridad y rotundidad:
“La Delegación Diocesana no está compitiendo para ganar en poder ni para quitar autonomía legítima a las hermandades y cofradías. No hay ningún motivo para tener ninguna suspicacia”.
La hoja de ruta que ha comenzado no busca intervenir, sino acompañar. La Delegación no nace, ni pretende, para restar libertad a las juntas de gobierno, sino para sumar recursos y ofrecer un soporte integral que muchas corporaciones llevan años demandando. Hablamos de un refuerzo y un apoyo en formación, asesoramiento y seguridad jurídica.
El mundo cofrade cordobés siempre ha destacado por su generosidad y su amor a la Iglesia. Ahora que la Delegación y su consiliario han estructurado departamentos específicos para ponerse al servicio de los hermanos, el paso más inteligente y maduro es tender puentes de colaboración.
No entiendo el resquemor de unos pocos, que recurrentemente sacan el tema de la normativa que ha “sacado” la Delegación, reunión del Viernes Santo por ejemplo, y espero que las mismas preguntas y conjeturas que lanzan a la asamblea se las hagan tambień a sus consiliarios, que es importante saber.
Esto no se trata de una lucha de poder; se trata de trabajar en red. Una hermandad bien formada, jurídicamente protegida y apoyada por su diócesis es una hermandad más fuerte, más independiente y con un futuro mucho más sólido.
Dejemos atrás las suspicacias. Es el momento de arrimar el hombro, aprovechar las herramientas que se nos ofrecen y demostrar que, cuando la Iglesia de Córdoba camina unida, su potencial evangelizador no tiene límites. Sumemos en favor de nuestras cofradías; ganamos todos.
Ah, por cierto, no por repetirse muchas veces una mentira se convierte en verdad; aunque difama que algo queda.