El 24 de mayo no es un día más en el calendario. Es el día de la Madona Ausiliatrice, el del Auxilium Christianorum, el de la advocación que se remonta a Pío V, el de la devoción de Don Bosco. El día grande de los Salesianos, el de María Auxliadora.
Y cada rincón del mundo donde hay un salesiano, en esa fecha es como si fuera Turín, pues a las plantas de la Auxiliadora se rinden sus devotos con la alegría propia que da el carisma de la casa salesiana.
Y Córdoba no es menos, sino el ejemplo perfecto de una devoción que lleva implantada en la ciudad durante más de un siglo. 125 años donde tantas generaciones se han postrado ante ella y la han llevado como emblema, como la mejor carta de presentación.
Y con esa devoción, sostenida y acrecentada en el tiempo, María Auxiliadora volvió a salir en procesión, desde el colegio San Francisco de Sales para recorrer las calles de la feligresía de San Lorenzo.
Lo hizo sobre su magnífico paso, guiada con el buen hacer de Jesús Ortigosa y con los cuidados sones de la Banda de la Esperanza de Córdoba. También procesionó Don Bosco, de la mano de David Leal y al son de las cornetas de Caído y Fuensanta.
Todo ello envuelto por la alegría, con el ambiente de los días grandes, el día grande de los Salesianos, el mismo en que la Auxiliadora procesionó para poner el broche a un nuevo mes de mayo en el que ella es la gran protagonista.