Las cofradías son, en esencia y en definitiva, el eje vertebrador de un tejido social que acude a ellas y al que ellas acuden siempre que la necesidad apremia, ya sea, apostólica, espiritual o caritativa.
Tres rasgos que, en apenas un día ha puesto de manifiesto una hermandad que, pese a no ser parte de una gran ciudad, en su “pequeño” contexto social los ha puesto de manifiesto de forma diáfana.
Se trata de la hermandad de Jesús Nazareno de Albendín (pedanía de Baena), que este sábado celebraba la salida extraordinaria del Señor conmemorando el centenario de la aprobación de las primeras reglas de la corporación.
En la procesión, en la que el Nazareno estuvo acompañado por los sones de Tres Caídas de Triana, quedaron de manifiesto la labor de apostolado, de garantes de la piedad popular (conversión y tradición al unísono); pero en lo que vino después apareció la caridad.
Albendín vibra con su Nazareno y los sones de Tres Caídas de Triana
Caridad que no se reduce a la limosna, a los repartos de alimentos, sino que va mucho más allá. Y hasta ese extremo llegó la hermandad de Albendín, pues al día siguiente de la procesión llevaron las flores que estuvieron a los pies de Jesús Nazareno en su salida extraordinaria a los enfermos del pueblo.
Apostolado
La iniciativa de la cofradía vino a mostrar que la caridad es mucho más que un concepto (una virtud teologal) y que en los actos de voluntariado encuentra una dimensión áurea. Un apostolado que, seguramente, se ha reforzado con un encuentro más que feliz.
Y es que si las autoridades civiles, militares y religiosas (alcaldesa de Baena, alcalde pedáneo de Albendín, delegado de Hermandades y Cofradías, Guarcia Civil, Policía, etc.) mostraron su respaldo inequívoco en la procesión; el empuje del párroco de San Bartolomé de Baena y de Santa María de Albendín, Francisco Flores, se nota -y mucho- desde su llegada hace dos años.
El párroco
Flores, que sirvió como diácono en la parroquia Nuestra Señora de la Esperanza de Córdoba, fue ordenado hace dos años y este ha sido el primer destino de su ministerio. Una vocación que lo ha llevado a salir a evangelizar -casi cada noche- por un barrio de Baena donde la necesidad y la desesperanza apremian.
Allí, donde la labor es anónima pero el mensaje del Evangelio es contundente en la propia figura del presbítero, la labor de apostolado cobra otra dimensión y muestra la esperanza de los ministros del Señor.
Un apostolado como el que realiza la hermandad del Nazareno de Albendín, de la mano de su cura, del mismo con el que compartieron vigilia antes de la procesión, con Jesús Sacramentado como el gran protagonista que siempre ha de ser. Del mismo que seguramente con su ejemplo inspira a los cofrades a ir más allá, a visitar a los enfermos, a seguir el camino de la verdad radical de Cristo. La única, de la que da muestra Francisco Flores.