San Rafael y el padre Roelas
San Rafael y el padre Roelas
“Yo te juro por Jesucristo Crucificado que soy Rafael, Ángel, a quien Dios tiene puesto por Guardián de esta Ciudad”.
San rafael es de Córdoba, y de los cordobeses. Diversas fuentes documentan la profunda devoción histórica de Córdoba hacia el arcángel San Rafael, reconocido como su Custodio tras las revelaciones al Padre Roelas en el siglo XVI.
Los textos detallan cómo la ciudad ha recurrido a su protección frente a epidemias de peste y cólera, consolidando un vínculo que une la fe popular con las instituciones civiles. Se describen monumentos emblemáticos como los Triunfos y la Basílica del Juramento, erigida en el lugar exacto de las apariciones. Asimismo, se destaca la presencia del arcángel en el arte local, mencionando esculturas maestras de plata y lienzos que lo representan como un guía y sanador. Esta herencia cultural se manifiesta cada 24 de octubre, cuando el pueblo cordobés celebra la festividad de su protector con procesiones y actos de gratitud.
La colección de documentos resalta que, junto a los patrones San Acisclo y Santa Victoria, San Rafael constituye un pilar fundamental de la identidad y espiritualidad de la ciudad.
¿Cuál es el origen de la devoción de Córdoba a San Rafael?
El origen de la devoción de Córdoba a San Rafael se basa principalmente en dos hitos históricos vinculados a apariciones milagrosas durante épocas de peste, que consolidaron su figura como el Custodio y protector de la ciudad.
La aparición de 1278
El primer antecedente relevante se sitúa en el año 1278, cuando Córdoba sufría una cruel epidemia de peste. Según recogen las fuentes:
El arcángel se apareció al fraile mercedario Simón de Sousa para comunicarle que era el deseo de Dios que el obispo, don Pascual, colocara una imagen de San Rafael en la torre de la Catedral.
Además, se debía exhortar a los fieles a serle devotos y celebrar una fiesta anual en su honor.
Tras cumplir el prelado con este mandato, la epidemia cesó en la ciudad. Sin embargo, se señala que esta tradición inicial tuvo poco arraigo o difusión inmediata en los siglos posteriores.
Las apariciones de 1578 y "El Juramento"
El momento definitivo para la devoción ocurrió cinco siglos después, en 1578, durante otro brote de peste. El arcángel se apareció en varias ocasiones al sacerdote Andrés de las Roelas (conocido como el Padre Roelas):
La revelación de las reliquias: San Rafael reveló al Padre Roelas que los restos encontrados tres años antes en la parroquia de San Pedro pertenecían a los Santos Mártires de Córdoba.
El Juramento: En la madrugada del 7 de mayo de 1578, ocurrió la aparición más trascendental, donde el arcángel pronunció las palabras que definen su vínculo con la ciudad: “Yo te juro por Jesucristo Crucificado que soy Rafael, Ángel, a quien Dios tiene puesto por Guardián de esta Ciudad”. Esta escena es conocida como "El Juramento", término que dio nombre a la Iglesia del Juramento de San Rafael, levantada sobre la que fue la casa del Padre Roelas.
Consolidación y oficialización
Tras estas revelaciones, que fueron escritas por el padre Juan del Pino y guardadas en secreto durante años, las autoridades eclesiásticas aprobaron oficialmente las apariciones en 1603,. A partir de esta fecha, el culto se expandió rápidamente:
Se le reconoció como Custodio eterno, diferenciándose de los patrones oficiales (San Acisclo y Santa Victoria),,.
La ciudad comenzó a levantar monumentos conocidos como "Triunfos" en su honor, financiados por particulares y corporaciones como agradecimiento por su protección frente a nuevas epidemias en los siglos XVII, XVIII y XIX.
Aunque la Iglesia unificó la fiesta de los tres arcángeles el 29 de septiembre, Córdoba mantiene el privilegio de celebrar a