Nazarenos de la Bondad. Foto: Francisco Patilla
Nazarenos de la Bondad. Foto: Francisco Patilla
La historia de las cofradías cordobesas, como el retablo que escribiera el inmortal Pablo García Baena, se construyó hace siglos y la devoción devino en una piedad popular que, con el paso de las centurias, parece haber llegado a uno de esos puntos de brillo, que acontecen por ciclos.
Estamos ante uno de esos momentos álgidos, gracias a una eclosión en la que la historia se funde con la nueva creación, la reinvención o, sencillamente, la evolución natural de la fe del pueblo que puebla las calles con un interés renovado y creciente.
En ese contexto, el actual, han surgido numerosos grupos parroquiales. Algunos están dando sus primeros pasos y otros han ido finalizando etapas has llegar -o estar al borde- de convertirse en hermandades.
Ese es el punto y seguido, la culminación de un proceso que da paso a otro por explorar y en el que ahondar, el de crear la propia historia como hermandad, como hizo no hace tanto la Quinta Angustia y, previamente, La Conversión, que ya forma parte de la Semana Santa.
La Bondad
Hay más ejemplos, como también de las corporaciones que están muy cerca de alcanzar ese hito de ser hermandad de pleno derecho. Este es el caso de la Prohermandad de la Bondad, que está al borde de cumplir su sexto año (solicitaron un plazo más largo en su momento) en ese régimen y a poco de alcanzar el estatus sin prefijo (sin el ‘pro’).
Lo que se ve
Y en estos casi seis años, el avance tangible -o visible- de la corporación de la Fuensanta se ha hecho visible en las imágenes secundarias de un misterio que va cobrando forma también en su paso. Así como en las túnicas que ya forman un interesante cortejo nazareno. En la incorporación de la Reina de los Apóstoles. O en la estación de penitencia del Sábado de Bondad.
Denominación esa última, que no solo ha calado en la ciudad, sino que ha dado la medida de una corporación que procesiona con fundamento y con un recorrido cada vez más consolidado.
Lo que subyace
Luego está lo otro, el patrimonio intangible que, sin embargo, es lo nuclear a cualquier carisma de la Iglesia. Y ahí es donde La Bondad tiene su punto fuerte. El dinamismo de la corporación en su barrio y su parroquia resulta evidente y elocuente, entre las actividades que organiza y en las que colabora.
Esa implicación con su comunidad parroquial se plasma en dos ejemplos esclarecedores. Y es que la prohermandad siempre ha ido de la mano de sus párrocos, con una colaboración ingente en cada actividad y necesidad. Lo hizo con el anterior párroco y ahora vicario general de la diócesis, Antonio Jesús Morales; y lo sigue haciendo de la mano de su actual consiliario, Ignacio Sierra.
Una continuidad en el compromiso que deja en evidencia el criterio, la coherencia por encima del momento. De ahí que La Bondad no muestre premura por alcanzar el ítem en el camino, el de convertirse en hermandad. Su caminar no es apresurado, cierto, pero es decidido y seguro por medio de una apuesta que está dando frutos y el ejemplo necesario a quienes vienen detrás.
Señor de la Bondad. Foto: Francisco Patilla