La Catedral de Córdoba ha acogido la ordenación de un nutrido grupo de nuevos sacerdotes (nueve). Ángel González, Angelo Bruno, Carlos Andrés Crespo, Francisco Daniel Fernández, José Agustín González, Francisco Moreno, Jesús Romera, Blas Sánchez y Antonio Tello han sido consagrados al ministerio sacerdotal por el obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández.
En su homilía, el prelado ha dado las gracias a Dios por las ordenaciones. Y ha destacado la figura del sacerdote en su triple concepción: “hombre de la comunión, la sinodalidad y la misión”. “Yo estoy en mi Padre, vosotros en mí y yo en vosotros”, ha aludido monseñor Fernández en relación con la palabra de Cristo expresada en San Juan.
Comunión
Asimismo, el obispo ha recordado que “el sacerdote debe cultivar la cercanía, la intimidad con Dios”, ya que, “de esta relación (con Dios) podrá obtener las fuerzas necesarias para su ministerio”. De ahí que haya destacado la necesidad de la oración, en pos de la cercanía con su pueblo, y también con el obispo y “los hermanos sacerdotes”.
Sinodalidad
La sinodalidad ha sido abordada también por el prelado (que ha catalogado como desafío), abundando en la necesidad de esta para tener la cercanía con el pueblo de Dios: “los sacerdotes son hermanos entre los hermanos”. Y ha incidido en las palabras del Papa León XIV, donde apunta a que, “en una Iglesia cada vez más sinodal y misionera, el ministerio sacerdotal no pierde nada de su importancia y actualidad, sino que por el contrario podrá centrarse más en sus tareas propias y específicas”.
Misión
“El sacerdote es misionero”, ha subrayado monseñor Fernández. Ello para agregar que “la misión del sacerdote es la misma misión que la de Jesucristo, servir a los hermanos”. Un servicio que ha de superar dos tentaciones: la mentalidad eficientista y el quietismo, como recuerda el Papa León. “Frente a esas tentaciones, debemos vivir un ministerio gozoso y apasionado, que evangelice a los diversos ambientes y contextos”.
A los nuevos presbíteros
El obispo ha nombrado a los ordenando y les ha dicho: “estáis llamados a ser mediadores, a ser puente a través del cual vuestros hermanos puedan llegar a Dios. Pero un puente seguro ha de tener unos apoyos seguros, se ha de fundamentar en la oración”.
Y los ha impelido a no olvidar “la misión de suplicar la misericordia de Dios para el pueblo”. Con la referencia al sacerdocio explicado por San Juan de Ávila, el prelado los ha animado a convertir su vida en una “ofrenda de amor y servicio a la Iglesia y a los hermanos”, así como a ser “sacramento vivo del amor de Dios en medio del mundo”.