JASB
Hay venganzas que se sirven frías, y luego está la más sofisticada de todas: contraprogramar un acto. No requiere espadas, ni discursos, ni planes maquiavélicos. Sólo una agenda, un poco de rencor y acceso a una sala con micrófono.
En el mundo cofrade también se da, hace tiempo lo vivimos con el pregón del costalero, después con actos de Hermandades o la última de la Agrupación a la diócesis. Todo empieza con una ofensa aparentemente inocente: alguien organizó un evento que no te gustó, te cambió la fecha sin avisar o, peor aún, te robó al público con canapés más ricos. Entonces llega la inspiración: “¿Y si organizo algo el mismo día, a la misma hora y con mayor cobertura? así nace la contraprogramación vengativa.
El plan se ejecuta con precisión quirúrgica. Si el enemigo organiza una charla sobre formación, tú montas una sobre “La formación ilustrativa”. Si inaugura una exposición de arte sacro, tú abres una muestra titulada “Arte que sí se entiende”.
El público, confundido, corre de un lado a otro sin saber a quién apoyar. Algunos intentan asistir a ambos eventos, otros eligen el que tiene mejor sitio donde mejor salir en las fotos. Mientras tanto, los organizadores se observan desde lejos, fingiendo sonrisas diplomáticas mientras cuentan asistentes como si fueran votos en una elección secreta.
La contraprogramación por venganza no busca dinero ni fama. Busca algo mucho más puro: la satisfacción de saber que el rival tuvo que reducir su discurso porque la mitad del público estaba en tu sesión. Es el equivalente social de ponerle “me gusta” a la publicación de su competencia.
Y lo mejor es que nadie puede acusarte de nada. “¿Coincidencia?”, preguntas con inocencia. “¡Qué casualidad que ambos pensáramos en hacer un evento sobre el mismo tema, el mismo día, con el mismo auditorio!”.
En el fondo, contraprogramar por venganza es una forma elegante de decir “te vi, te dolió y me divertí”. Porque hay muchas maneras de ajustar cuentas, pero pocas tan civilizadas como hacerlo con un micrófono, una lista de invitados y una foto irresistible. Por cierto, y todo hay que decirlo, para contraprogramar hay que saber la fechas del evento que va a convocar tu buscado enemigo ¿Cómo te llegan? ¿Quién te pasó la agenda? Porque para ser aprendiz de malote sólo necesitas que te empujen, te acompañen o te mal aconsejen. Pero recuerda esto, nadie se abraza al árbol caído.