Foto: Diócesis de Córdoba
JASB
Desde las cumbres de Sierra Morena, una silueta blanca se recorta contra el firmamento cordobés, observando el devenir de los siglos con una serenidad imperturbable. Es el Monumento al Sagrado Corazón de Jesús, el "vigía" que desde las Ermitas actúa como un balcón espiritual que protege y bendice a la ciudad. Para muchos cordobeses, su presencia es una constante en el horizonte, casi una parte del paisaje natural; sin embargo, pocos conocen la profundidad de las raíces históricas y la movilización social que sostienen este símbolo. ¿Es solo una efigie pétrea en la montaña o un testimonio vivo de nuestra identidad que late desde hace siglos? A continuación, desvelamos cinco verdades que transforman nuestra mirada sobre este "Sinaí" cordobés.
Existe una creencia popular muy extendida que sitúa el inicio de esta devoción en el año 1878, coincidiendo con el regreso de la Compañía de Jesús a la ciudad y su establecimiento en la Real Colegiata de San Hipólito. Sin embargo, el rigor histórico desmiente este mito: la llama del Corazón de Jesús ya ardía en Córdoba casi un siglo y medio antes, y no por impulso jesuítico, sino por la iniciativa del clero secular.
El verdadero foco inicial se localiza en la parroquia de Santa Marina de Aguas Santas en 1737. El protagonista de esta hazaña fue el presbítero Antonio Moreno de Arciniega, un hombre de "especial virtud y celo" que, adelantándose a las grandes misiones del siglo XIX, comenzó a colocar cepos para limosnas y a instituir una cofradía que gozó de asombrosa vitalidad. Arciniega demostró que la devoción era un movimiento de base, un fervor arraigado en la cotidianeidad del barrio mucho antes de su institucionalización contemporánea. Como recordaba la propia Margarita María de Alacoque en sus visiones:
"He aquí el Corazón que ha amado tanto a los hombres, que no se ha ahorrado nada, hasta extinguirse y consumarse para demostrarles su amor".
La inauguración del monumento el 24 de octubre de 1929 —festividad de San Rafael— no fue un evento aislado, sino el clímax de una movilización sin parangón. El proyecto, impulsado por el obispo Adolfo Pérez Muñoz tras un encuentro con el Papa Pío XI en 1925, tuvo un prólogo apoteósico: una procesión "Magna" el domingo 20 de octubre donde San Rafael y la Virgen de los Dolores recorrieron las calles en un despliegue de fervor multitudinario. El día de la inauguración, las campanas de toda la ciudad repicaron a las 5:30 de la mañana. Córdoba, literalmente, se vació hacia la sierra. Se estima que acudieron 25.000 personas, lo que representaba un tercio de la población total de la época. El trayecto desde el Pretorio hasta el Brillante y Cañito Bazán se volvió "realmente intransitable". A pesar de la niebla y la amenaza de lluvia, la masa social demostró una cohesión que hoy resulta difícil de imaginar, consagrando la obra de Lorenzo Coullaut Valera como el corazón geográfico y espiritual de la provincia.
La devoción de Moreno de Arciniega en el siglo XVIII no fue solo espiritual, sino también burocrática y artística. En los archivos de Santa Marina se conservan joyas documentales únicas: libros de bautismos y defunciones encabezados por artísticos dibujos a plumilla del Corazón de Jesús, realizados con una precisión casi administrativa.
Bajo la solemne leyenda latina: “DEIFICVM COR. IESV. IN CVIVS NOMINE HIC LIBER INCIPIT” (Deífico Corazón de Jesús, en cuyo nombre se comienza este libro), estas ilustraciones presentan el modelo iconográfico de las visiones de Alacoque. El término "deífico" no es baladí; en teología, expresa que este Corazón es la fuente que nos configura con la gracia divina. Este hallazgo demuestra que, en la Córdoba del XVIII, la devoción impregnaba cada registro de la vida y la muerte de sus ciudadanos.
Lejos de ser una reliquia del pasado, el Sagrado Corazón mantiene una vigencia social tangible y urgente. El reciente Año Jubilar (conmemorando el 90 aniversario del monumento) atrajo a más de 15.000 peregrinos a las Ermitas, pero su legado más duradero no fue estadístico, sino caritativo.
Gracias a la campaña "Pon tu corazón" y la venta de banderas conmemorativas que vistieron los balcones cordobeses, se recaudaron 10.152,80 euros destinados íntegramente a Cáritas Córdoba. Esta cifra transforma la devoción en justicia social directa, confirmando las palabras del Obispo Demetrio Fernández:
"La devoción al Corazón de Jesús no es algo del pasado, es de hoy y para siempre; es reconocer el amor de Dios para regenerar nuestro propio corazón".
El Sagrado Corazón en las Ermitas es mucho más que una piedra en el horizonte. Es un nexo que une nuestra geografía serrana con una historia de tres siglos de fervor secular y una solidaridad que sigue dando frutos hoy.
La próxima vez que mires hacia la sierra y veas esa silueta blanca recortada contra el azul de nuestro cielo, ¿recordarás que ese corazón late por Córdoba desde 1737 o lo seguirás viendo como un simple adorno en la montaña?