Escudo del obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández. Foto: Diócesis de Córdoba
Escudo del obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández. Foto: Diócesis de Córdoba
El obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, ha hecho públicos los nombramientos de los nuevos miembros del Consejo Episcopal: desde el vicario general de la diócesis hasta la creación de una nueva Vicaría, la de Evangelización.
Esto último no es un detalle menor no baladí. Todo lo contrario, en una primera aproximación se antoja una declaración de intenciones, programática. Baste recordar en este sentido, la carta pastoral que monseñor Fernández realizó al inicio del curso, donde incidía en esa necesidad, la de la evangelización.
Los perfiles
Y no solo se trata de la creación de ese estamento, sino que al frente de la Vicaría de Evangelización ha puesto a Manuel Sánchez, quien cuenta con amplia y sobrada experiencia en ese apartado. No en vano es el consiliario del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Córdoba, lo que garantiza su conocimiento sobre la materia.
En ese situarse en ‘modo evangelizar’, no resulta extraño que el vicario de la Campiña sea Ángel Cristo Arroyo, delegado de Familia y Vida.
Pero si la evangelización va de la mano de algo es de la misión, la de la Iglesia en salida. Y de eso saben bien los nuevos vicarios de la Ciudad y del Valle del Guadalquivir, Francisco Jesús Granados y Antonio Javier Reyes, respectivamente. Ambos han estado en tierras misioneras en Sudamérica y ambos han pisado, como se suele decir, el terreno.
Plan pastoral
Como señalábamos anteriormente, en su carta pastoral (“Bien sabía lo que iba a hacer” -Jn 6, 5-6-), el obispo pedía colaboración para elaborar un plan pastoral (2025-2030) con una perspectiva netamente sinodal. Hecho que se plasmaba en la creación de distintos grupos de trabajo en cada parroquia, representativos de las distintas realidades eclesiales.
Más sustantiva aun era la parte final, donde monseñor Fernández apelaba a “la conversión metodológica y estructural que nos ha de llevar a la participación y la corresponsabilidad, la generación de una cultura de rendición de cuentas y transparencia, el trabajo por una Iglesia ministerial y misionera, y la opción por una pastoral planificada, integral e integradora”. Asimismo solicitaba el apoyo de esta iniciativa, “que sin duda nos ayudará a crecer en comunión misionera”.
Evangelii Nuntiandi
La misión, la evangelización ya estaba ahí, como lo estuvo en la exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi de Pablo VI y en los consiguientes pontífices. Y como lo estuvo en el Papa Francisco cuando hablaba de ir a las periferias y evangelizar cuerpo a cuerpo.
En Evangelii Nuntiandi, Pablo VI daba en la diana al remarcar que “el compromiso orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo, exaltados por la esperanza pero a la vez perturbados con frecuencia por el temor y la angustia, es sin duda alguna un servicio que se presenta a la comunidad cristiana”.
A lo que añadía la reflexión fundamental: “La Iglesia, llamada a evangelizar desde los confines de la tierra, debe comenzar por evangelizarse a sí misma. [...] Si quiere conservar su frescura, su dinamismo y su fuerza para anunciar el Evangelio, cree continuamente en la necesidad de ser evangelizada”.
Pues ese es el mensaje, o parte del mismo, que nos envía el obispo con sus nombramientos, en coherencia perfecta con su petición a comienzos de curso.
Un nuevo continente por evangelizar
Evangelizar es el objetivo, el mismo que queda también demostrado en la reciente encíclica Magnifica Humanitas de León XVI, donde -entre otros aspectos- señala que “debemos educarnos para considerar el mundo digital como un nuevo continente por evangelizar, que requiere misioneros generosos y maduros en la fe. De modo particular, además, se necesitan adultos que redescubran su vocación de artesanos de la educación, dispuestos a un trabajo diario, paciente y sostenido por amplias y compartidas alianzas educativas. Acompañar a los niños y jóvenes para que utilicen las tecnologías como espacio de relación responsable, ayudándoles a reconocer los riesgos y a elegir lo que hace crecer la libertad interior, representa hoy una forma concreta de caridad y de salvaguardia de su dignidad. Educar a las nuevas generaciones para que logren creer que la evolución de las tecnologías no sigue un camino inevitable, sino que puede estar orientada por la responsabilidad personal y colectiva, constituye uno de los servicios más valiosos al bien común”.
Las hermandades
Todos los caminos conducen a la evangelización, ya que como subrayaba Benedicto XVI: “Quien ha encontrado verdaderamente a Cristo no puede tenerlo sólo para sí, debe anunciarlo”.
Ese primer anuncio está muy marcado en el plan pastoral del obispo y las hermandades reconocidas y tenidas muy presentes como vehículo del mismo. Así se ha puesto de manifiesto con estos nombramientos de monseñor Fernández (al igual que con el primero que hizo del delegado de Hermandades y Cofradías), en los que los sacerdotes son muy cercanos a la realidad cofrade.
Las cofradías, como señaló Pablo VI en Evangelii Nuntiandi, como parte de la Iglesia -y al igual que ella- deben ser primero evangelizadas, para luego ser evangelizadoras. Ahí está la base y en la sinodalidad que nos propone el obispo se da la clave de bóveda de un proceso al que las hermandades están más que llamadas, pues su carisma radica ahí, pues son ese inmenso tesoro capaz de mantener vivo ese primer anuncio y, al mismo tiempo, el acompañamiento posterior al encuentro personal. Las hermandades y cofradías son un ejemplo de comunidades evangelizadas y evangelizadoras.