Juan Moreno Gutiérrez. Foto: Cabildo Catedral
Juan Moreno Gutiérrez. Foto: Cabildo Catedral
La última vez que nos vimos fue en Natali. Fue mucho antes de que todo esto pasara y antes de que comenzara a planteame que este día llegaría. La última vez que nos vimos no hubo consejos, solo el cariño del padre que fuiste para mí en tantos sentidos y al que siempre echaré de menos.
La última vez que nos vimos era Domingo de Ramos y ya no había parroquia ni hermandad de por medio. Solo era una cuestión de amistad, de los años compartidos, del aprendizaje exacto de los días.
Nunca le he escrito a nadie así, dudando del usted o del tú, mientras dudo si acudir a la capilla ardiente o es preferible recordar cada instante, cada consejo, cada charla mientras la vida fluía como un legado ardiente, importante.
Hoy he recordado muchas cosas, querido amigo. Desde el bautizo de Marcos hasta aquel primer Alto Guadalquivir, cuando llevaba la ilusión entre los dientes. Hoy recuerdo la boda de Joaquín y el paso de la Urna que, sin ti, nunca, nunca, nunca hubiera sido posible.
Hoy recuerdo a Juan Moreno Gutiérrez, a don Juan, en el Mestizo, en Carrasquín y en una homilía en el triduo de la Inmaculada. Recuerdo al hombre por encima del mito; al amigo por encima de todo. Y ese último adiós improvisado que no fue casualidad posible.
Juan Moreno fue para mí como un padre, don Juan -pese al don- un gran amigo. Y todo lo que me enseñó irá conmigo como un estandarte. No le digo adiós, eso es muy triste, sino hasta pronto. Descansa en paz, querido amigo.