J.A. Soler
La relación entre la Virgen del Rocío y la festividad de Pentecostés es el corazón de una de las devociones marianas más importantes del mundo. La celebración de la romería de la Virgen del Rocío en la aldea de El Rocío, en Almonte, Huelva; gira íntegramente en torno a este fin de semana de nuestro calendario católico.
Aquí te explico cómo se entrelazan la Virgen y esta festividad:
La conexión más poética y teológica entre la Virgen del Rocío y Pentecostés está en su apodo más famoso: La Blanca Paloma.
En la tradición cristiana, Pentecostés conmemora el descenso del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y la Virgen María. El Espíritu Santo se representa universalmente con la forma de una paloma blanca.
Por tanto, al llamar a la Virgen "Blanca Paloma", se la vincula directamente con la luz y la gracia del Espíritu Santo que se celebra ese mismo día.
En los días previos (El Camino), cientos de hermandades filiales peregrinan a pie, a caballo y en carretas desde distintos puntos de España (y del mundo) para llegar a la aldea el fin de semana.
El Domingo de Pentecostés, por la noche, se celebra el Santo Rosario de Antorchas, donde todas las hermandades desfilan con sus simpecados ante la ermita.
El "Salto de la Reja" se lleva a cabo en la madrugada del domingo al Lunes de Pentecostés, ocurre el momento más esperado y explosivo. Los almonteños, que son los custodios de la Virgen, saltan la valla que protege el altar para sacar a la imagen de su santuario.
Y el Lunes de Pentecostés, la Virgen del Rocío es llevada en procesión a hombros de los almonteños por las calles de arena de la aldea, visitando a cada una de las hermandades filiales en un recorrido que dura horas.