Una excepción, pero bendita excepción. El Corpus Christi, la procesión con Su Divina Majestad inserta en la portentosa Custodia de Arfe por las calles de Córdoba resplandeció.
En una jornada llamada a la sacramentalidad, como “el hombre eucarístico se entrega y sirve a los hermanos, si es preciso, hasta a dar la vida por ellos, como hizo nuestro Señor Jesucristo”, al que hacía referencia el obispo, monseñor Jesús Fernández, durante la homilía de la misa votiva de la eucaristía que acogió previamente la Catedral.
En el templo mayor ya fueron numerosos los fieles que se congregaron para celebrar la solemnidad del cuerpo y la sangre de Cristo, con bastante representación de autoridades y con abundante presencia de responsables de las cofradías de la capital.
Después, a la llamada de David S. Pinto Sáez, el paso comenzó a caminar hacia la ciudad, para repartir el abrazo místico de la eucaristía. Pinto Sáez mandaba, con un segundo apellido que camina entre la historia y el futuro, para atestiguar el siglo de historia hacia el que camina la saga familiar que atesora una responsabilidad única.
Desde la Puerta del Perdón a la Calle de la Feria; desde Diario de Córdoba hasta las Tendilllas; desde Jesús y María hasta Deanes y regreso al templo mayor; el paso de Jesús Sacramentado fue el testigo de un cortejo importante (cofrades y sacerdotes), de dos bandas notables (La Salud y La Estrella) y de mucho más que una tradición.
Pues el sacramento se actualiza en cada celebración litúrgica y se solemniza en uno de los jueves que brillan más que el sol. Y uno de ellos ha tenido lugar hoy, día del Corpus Christi.